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Carmen

Conocí a Vanesa un domingo de febrero en un hotel de Tel Avit a las 6:30 de la mañana. Habíamos quedado allí sin conocernos para recorrer durante unos días Israel y Palestina, junto con su amigo Víctor.
Durante esos días pude conocer a Vanesa, su sensibilidad hacia lo más débiles, su fortaleza en la negociación, su voluntad de hierro y un sentido del sacrificio muy acentuado. A lo largo de nuestro viaje me fue contando su proyecto en Senegal.
Al regresar a España quise conocer más sobre África Sawabona, qué necesitaban, qué proyectos tenían, y tomando un té (podría haber sido un café con leche) cerca de la Puerta del Sol de Madrid, le dije que me subía al barco, sin formación sanitaria, pero con ganas de aportar todo lo que pudiera.
¡No sabía dónde me metía!…

Es cierto, Africa Sawabona es una ONG pequeña, pero pone todo el corazón, la profesionalidad, la energía y la dedicación de la gente para movilizar recursos, conseguir medicamentos, planificar formaciones, coordinar el trabajo de campo y optimizar lo máximo posible los días que se visita la zona.
Mi experiencia en Dindefello y Afia ha sido impactante, íbamos realmente a trabajar de sol a sol, porque allí no hay electricidad. Es agotador, pero a la vez, te sientes más vivo que nunca.
La energía de las personas, la hospitalidad africana, sus corazones abiertos, sus sonrisas, su paciencia ante el dolor… Esos colores y esa naturaleza. Y por supuesto Alpha, la contraparte de la Asociación en Senegal, la encarnación de la fuerza de África.

Además de ayudar a Sara, la extraordinaria farmaceútica, a montar los dos dispensarios (aprendí a colocar los medicamentos por compuesto, no por nombre, no se piensen que se hace de cualquier manera…), mi papel principal fue organizar la entrada de pacientes con la ayuda de mis dos estupendos traductores, Karim y Jaw, del inglés al Wolof. Rellenaba los datos de los historiales de los pacientes para que estuviesen preparados para Jose y Sarín, los médicos, y para Alicia, Guille y Raquel, el equipo de dentistas. Calmaba las prisas de los pacientes, priorizaba posibles casos graves o de malaria, en los que me iba a buscar a Javi, el enfermero, para que me confirmase la prioridad.
Al finalizar el día, y con la luz de un frontal, rellenaba los datos de los pacientes atendidos para informar a las autoridades locales, en todos los sitios existe burocracia.

Y por fin llegaba el momento de cenar todos juntos, el equipo entero compartiendo un único plato al estilo africano. ¿Cómo es posible que en menos de 24 horas, 14 personas que no se conocen puedan trabajar, convivir, organizarse, vivir momentos vitales tan intensos … y reírse tanto juntas?
Vane, Jose, Sarin, Raquel, Alicia, Guille, Juan Pablo, Dolores, Marta, Nieves, Javi, Sara…. Ahhh sí y el chico de las fotos, Alejandro…. Si alguna vez habéis oído la frase “hacerse un Alejandro” es en honor a nuestro querido compañero! y la acuñó Guille, el dentista gaditano, para describir el acto de trabajar pareciendo que no haces nada.
Qué maravilla de personas, la generosidad, capacidad de trabajo y entrega, profesionalidad, buen rollo…. Me habéis enamorado, esto solo se define como flechazo, solo espero seguir compartiendo con vosotros momentos como los vividos.

PD: Y sí, es cierto cuando dicen que en las actividades de cooperación te traes más de lo que dejas.

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